El universo se puede conocer a través de la detección de ondas gravitacionales

El universo se puede conocer a través de la detección de ondas gravitacionales

La detección de ondas gravitacionales ha permitido abrir las puertas a una nueva manera de conocer el comportamiento del universo, desde su origen y después del Big Bang. De igual manera, se logrará entender mejor las supernovas y la expansión del universo, inclusive en aquellas regiones que no se ha podido observar por medio de la luz, como los agujeros negros.

A través de un comunicado de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se indicó que gracias a esta detección de ondas gravitacionales y su intensidad y frecuencia es factible llegar a determinar sus propiedades y tempestades en el espacio – tiempo. También es posible reconstruir qué sucedió en su punto de origen y si las ondas gravitacionales fueron generadas por una estrella o un agujero negro.

Las primeras observaciones de este fenómeno fueron en el año 2015 y los resultados fueron corroborados por el Observatorio de ondas Gravitacionales en el 2016.

En la Unidad Cuajimalpa de la UAM, se explicó que estas ondas gravitacionales son perturbaciones o vibraciones del espacio-tiempo producidas por las explosiones estelares de supernovas, la fusión de agujeros negros, propagadas a la velocidad de la luz y cuya existencia fue prevista por Albert Einstein.

En este caso, el experimento LIGO ha detectado por tercera vez las ondas generadas por la fusión de dos agujeros negros. En esta oportunidad, la señal viene de una colisión que tuvo lugar a 3.000 millones de años luz de la Tierra –el doble de lejos que las dos captadas hasta el momento– y aporta nuevos indicios sobre el proceso de formación de los sistemas binarios de agujeros negros.

Esta tercera detección confirma la existencia de los agujeros negros de una masa superior a veinte veces la del sol. Se trata de cuerpos mayores que los que se habían detectado hasta ahora con rayos X, y desconocidos antes de que LIGO comenzase a detectar ondas gravitacionales. Los dos agujeros negros cuya colisión se sintió en la Tierra en enero tenían 31 y 19 masas solares, respectivamente, y se fusionaron en un solo astro de 49 masas solares.

Esther R.

 

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